Leyendo hace unos días una de mis fuentes de obligada visita diaria, Resiliencia!, di con una noticia que me llevó a conocer que China cuenta con su propia agencia de calificación, Dagong.
Buscando más información sobre la misma llegué a una de esas cosas a las que por deformación académica no me puedo resistir: un mapamundi con los niveles de riesgo de cada país según la agencia china.
Además, para mi regocijo, también había idénticos mapas de cada una de las 3 grandes casas de análisis de riesgo y que están boca de todos por la “presión” que ejercen a la deuda soberana de algunos países de la eurozona.
Tras un breve vistazo a los 4 mapas hubo una cosa que me llamó poderosamente la atención. La lógica diría que Dagong debería ser una agencia con una importante actividad en el continente africano, sobre todo por la crecienteexpansión de la inversión extranjera directa que está realizando el gigante asiático en diversos sectores de la economía de África.
Pero es justo todo lo contrario, Dagong tan solo emite informe para 8 países africanos, respecto a los 20,19 y 7 de Fitch, S&P y Moody´s respectivamente.
Lo único destacable es que la agencia china cubre a la antigua Sudán, uno de los países estratégicos para China y a Madagascar.
Supongo que el ser una empresa relativamente jóven, fundada en 1994, puede haber influido en este hecho, pero lo es también que con el desprestigio que han sufrido sus rivales de mayor tradición pueden llevar a los inversores a tomar en mejor consideración, al menos para los asuntos africanos, a la agencia china por esa cada vez mayor importancia de las relaciones económicas sino-africanas.
Ahora que se acerca el décimo aniversario de los terribles atentados del 11-S, hechos que mucha gente señalan como el inicio real del siglo XXI, aún quedan dudas sobre si los EE.UU. han encontrado su “Gran estrategia” para afrontar los crecientes desafíos de un mundo mucho más complejo al que se enfrentaron en la segunda mitad del siglo pasado.
En un excelente artículo de Parag Khanna (al que sigo en mis feeds desde que leí su recomendable “El segundo mundo”) se exponen los principales retos de la política exterior norteamericana.
Como ha habido varias frases que me han llamado poderosamente la atención y no sabía con cual quedarme para haber enlazado al artículo vía cita como hago en otras ocasiones me he animado a recogerlas de manera un poco diferente. Allá van:
“…liberals and conservatives separate out foreign policy categories that can be ticked off like a to-do-list without appreciating how they inter-relate: China, promoting democracy, the “broader Middle East,” terrorism, “the Muslim world.” But grand strategy is not just about prioritizing, it is about connecting. How do these valid concerns relate to each other so that we can find points of leverage and efficiently achieve our goals?…”
“…World history is increasingly driven not by geo-politics or geo-economics but geo-technology. The competition to capture the leading sectors of innovation will determine winners and losers…”
Y por último, una frase de Henry Kissinger que aunque tiene relación con el tema que trata el post, creo que podría ser aplicada al liderazgo necesario para afrontar tareas en cualquier otro ámbito:
“…A statesman’s job is to resolve complexity, not just contemplate it…”
Espero que os sea de interés la lectura del artículo de Khanna.
Hace un rato leía en Facebook gracias a David, amigo y ex-compañero de trabajo, la columna de Paul Krugman de ayer sobre la salida de Islandia de su particular crisis. Además, curiosamente se da la circunstancia que tanto David como la pequeña isla del noroeste europeo fueron de los primeros en sentir los efectos de la recesión que nos afecta.
David y yo hemos discutido sobre la viabilidad de esas medidas y las razones de fondo de las instituciones europeas al pedir actuaciones más cercanas a lo ortodoxo en España.
Pero vamos a lo interesante, justo unas horas después daba con una noticia donde sí que aparecen las verdaderas soluciones heterodoxas que han sacado a Islandia de la crisis.
Quizá no sean muy heterodoxas, ya que no deja de ser un instrumento muy tradicional como la inversión extranjera directa, pero si lo pueden ser las consecuencias: facilitar el acceso a China a uno de los lugares claves del tablero geoestratégico de las próximas décadas, el Ártico y sus vastos recursos naturales.
PD: aparte de agradecer a David que haya compartido la noticia que ha dado pie a esta breve reflexión, os recomiendo que sigáis su excelente trabajo periodístico tanto en su blog personal (Vida y obra de un cronopio) como en su querido y digno de admirar periódico de Yecla on-line.
Recientemente se ha aprobado la Estrategia Española de Seguridad (EES), un documento que analiza las principales amenazas a las que se enfrenta el país y las recomendaciones y medidas a poner en práctica para hacerlas frente.
Se han identificado 9 puntos claves sobre los que actuar:
Conflictos armados
Terrorismo
Crimen organizado
Inseguridad económica y financiera
Vulnerabilidad energética
Proliferación de armas de destrucción masiva
Ciberamenazas
Flujos migratorios no controlados
Emergencias y catástrofes
De todos ellos me llama especialmente la atención el punto 4 (seguridad económico-financiera):
Las amenazas y riesgos de este tipo, explica la EES, pueden tener su origen en factores como los desequilibrios macroeconómicos; la volatilidad de los mercados; la actuación desestabilizadora, especuladora e incluso ilegal de diversos agentes; la deficiente actuación de los organismos supervisores y reguladores; la interdependencia económica; la competencia por los recursos, o un modelo de crecimiento desequilibrado. Para prevenir y mitigar sus efectos es necesario luchar contra las actividades delictivas, asegurar una correcta supervisión y regulación de los mercados, y avanzar en la gobernanza económica europea y global, aclara la EES. Con el fin de analizar la información relevante y facilitar la acción del Estado mediante una mejor toma de decisiones en este ámbito, la EES prevé la creación de un Sistema de Inteligencia Económica.
Me parece que tanto los objetivos que persigue este punto como el origen de muchos de ellos escapan por completo al alcance de la capacidad de cualquier organismo dedicado a su control. Además de una marcada ambigüedad y una falta de legitimidad en muchos casos para poder minimizar los posibles daños a la economía española.
No veo a ese Sistema de Inteligencia Económica persiguiendo al presidente del gobierno o un ministro de Economía por una política económica que lleve al país al desastre, o a un gobernador del Banco de España o un presidente de la CNMV que omiten sus responsabilidades. O mejor aún, ¿cómo piensan evitar o actuar frente a casos como un flash crash, una venta masiva de bonos por parte de inversores internacionales, la bajada del rating por parte de alguna agencia de calificación o porqué algún país de nuestro entorno siga una estrategia fiscal competitiva frente a España?. Pensar que se tienen alguna capacidad de control sobre los mercados y sus agentes es una utopía digna de un gobierno que ha naufragado en lo económico.
Sinceramente, creo que hay otras amenazas en esa lista que merecen mayores esfuerzos, como la seguridad energética o las ciberamenazas, que sí son, junto a otros factores, verdaderos riesgos para España.