Hace un par de días mi buen amigo Juanma me pasaba una interesante noticia sobre la política del BCE y como los diferentes movimientos populares en los países periféricos podrían convertirse en los verdaderos negociadores de la implementación de los paquetes de medidas que se soliciten desde Frankfurt.
No sé hasta que punto esto puede ser una realidad, pero si gobiernos como el de Zapatero o Berlusconi, prácticamente salientes ambos, tienen socavada su legitimidad, más aún la tienen unos movimientos no elegidos por cauces democráticos y de dudosa representatividad (¿y capacidad?). Pero lo que realmente me interesó de la noticia, y de lo que estuve discutiendo con Juanma, fue de uno de los puntos que se proponían como solución a la crisis que ya vivimos desde hace 4 largos años: abandonar el sacrosanto objetivo de mantener la inflación por debajo del 2%.
Está claro que el BCE parece haber caído por segunda ocasión en exceso de celo con el control de los precios en su política de tipos de interés. La primera fue en los comienzos de la crisis, allá por mediados de 2008, cuando estaba claro que el pinchazo de la burbuja de las subprime iba a tener consecuencias globales, como poco después se demostró con la quiebra de Lehman Brothers y el caos que le siguió. Y ahora, nuevamente repite el error con su endurecimiento del precio del dinero cuando no solo EE.UU, sino hasta Alemania coquetean peligrosamente con caer otra vez en una recesión.

Fuente: http://es.euribor-rates.eu
La tesis de dejar atrás los exigentes niveles de inflación por parte del BCE parece ser que se empieza a extender y ayer ya lo pude leer en un gran post en el blog de “A Fistful of Euros” donde demuestran como ese ciego objetivo del BCE ha llevado a la demanda agregada a niveles insostenibles para cualquier economía y más para una zona euro con países con ciclos económicos diferentes, problema añadido a la mala gestión de la política monetaria llevada a cabo desde Frankfurt.

Fuente: A Fistful for Euros
La solución que proponen es abandonar ese nivel del 2% y promover un objetivo de inflación más alto, o para que suene mejor a los oídos alemanes (que aún mantienen irracionalmente fresco el recuerdo de la hiperinflación de la República de Weimar), un gasto nominal más diverso al actual de la zona euro, o sea por encima de las actuales recomendaciones del BCE. Para apoyar sus tesis se basan lo que Kenneth Rogoff dice que ha funcionado bien en situaciones parecidas a la coyuntura que vivimos:
“[In 2008] I argued that the only practical way to shorten the coming period of painful deleveraging and slow growth would be a sustained burst of moderate inflation, say, 4-6% for several years. Of course, inflation is an unfair and arbitrary transfer of income from savers to debtors. But, at the end of the day, such a transfer is the most direct approach to faster recovery. Eventually, it will take place one way or another, anyway, as Europe is painfully learning. … Some observers regard any suggestion of even modestly elevated inflation as a form of heresy. But Great Contractions, as opposed to recessions, are very infrequent events, occurring perhaps once every 70 or 80 years. These are times when central banks need to spend some of the credibility that they accumulate in normal times.”
Sin embargo, mi opinión es que en España, alcanzar unos niveles de inflación como los que proponen llevará algún tiempo porque el problema de la demanda interna en nuestro caso es bastante grave como los últimos datos del PIB han dejado patentes.
Fuente: El Economista
Sin demanda interna no hay nada que hacer y para ello dependemos del crédito, que por mucho que el BCE siga prestando al sistema financiero nacional o comprando bonos a España está claro que no llega al “cliente final” ya que ese dinero se dirige a cubrir las necesidades de capital del gran agujero de la banca para cubrir los objetivos de TIER1 que se exige en Basilea III.

Fuente: Investorsconundrum
Y por último, aparte del problema del crédito y la demanda nacional, ¿cómo puede crear un país con una tasa de paro superior al 20% inflación?. Además, a esto habrá que sumarle los muy probables recortes de gasto público y el ajuste fiscal que llegará tras las elecciones del 20-N.
En definitiva, con un horizonte de demanda bastante débil para el país, nos tocará esperar bastante al bendito diablo de la inflación.
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