May 31, 2012
Wittgenstein, lenguaje y eurobonos.

Llevo varios días dando vueltas a la idea de que quizá esta crisis que nos acompaña desde hace ya casi un lustro ha dejado de ser económica y se adentra en terrenos donde se desenvuelven mejor otras ciencias.

Leyendo sobre los eurobonos y la inflexible posición de la canciller alemana me encuentro con la siguiente cita de un editorial del FT Deutschland:

Quizá haya que llamarlos de otra manera. Quizá si los eurobonos no se llamaran eurobonos, sino, digamos, ‘pacto de consolidación de la UE’ o ‘proyecto de circulación monetaria de unidad europea’, entonces la canciller, Angela Merkel, podría abandonar su oposición. Después de todo, apenas quedan razones objetivas para esa oposición, basada principalmente en las dudas sobre sus propios votantes.
En la cumbre del G-8, no fue sólo el socialista francés François Hollande el que habló a favor de los eurobonos, sino también el tecnócrata primer ministro italiano, Mario Monti, y el primer ministro británico David Cameron, un conservador que apoya la austeridad. Con independencia de las legítimas preocupaciones, han llegado a la conclusión de que una unión monetaria sólo es viable a largo plazo si los estados miembros se apoyan entre sí

Nada más leer esto recordé que el verano pasado, en otro de los momentos críticos de la particular crisis de la eurozona, que en España culminó con la reforma de su carta magna, leí un post con una tesis muy similar a la de ese editorial, pero en este caso sobre el sacrosanto objetivo de mantener la inflación por debajo del 2% y que dio origen a este post donde resumía la tesis propuesta por el blog “A Fistful of euros”:

La solución que proponen es abandonar ese nivel del 2% y promover un objetivo de inflación más alto, o para que suene mejor a los oídos alemanes (que aún mantienen irracionalmente fresco el recuerdo de la hiperinflación de la República de Weimar), un gasto nominal más diverso al actual de la zona euro, o sea por encima de las actuales recomendaciones del BCE. Para apoyar sus tesis se basan lo que Kenneth Rogoff dice que ha funcionado bien en situaciones parecidas a la coyuntura que vivimos.

Ludwing Wittgenstein, el filósofo británico de origen austriaco, decía lo siguiente en su Tractatus:

los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo

Parece que Angela Merkel (y Alemania) tiene limitada su visión de la crisis por el lenguaje, ya sea la inflación o los eurobonos, su disposición a superar y liderar la salida de crisis en la eurozona es, en estos momentos, una cuestión que está más cerca de la semántica que de la política económica. 

¿Cuánto tiempo tardará en ampliar los límites de su lenguaje?, ¿Permitirá que su mundo se derrumbe por un par de palabras?, cada vez falta menos para tener la respuesta a ambas preguntas.

  1. mimacedonia posted this
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